jueves, 18 de mayo de 2006

Sonrisas y Lágrimas... pero no en ese orden


Una completa tarde noche la de ayer, día 17 de mayo de 2006, fecha que quizá quede para la historia. Después de varios días de escalonada invasión de la capital francesa, la eclosión se dió el mismo miércoles. Los 'culés' y los 'gunners' ocupaban la ciudad del Sena con la idea de tomar la bastilla, empezar la revolución, acompañar al Arco en su Triunfo, resucitar en los Campos Elíseos. Afortunados, se sabían parte de la memoria colectiva de sus respectivos equipos. Ocho años habían pasado desde que en la Isla de Francia no se vivía un acontecimiento comparable, doce desde el último título europeo del Arsenal (la Recopa del 94), catorce desde la última 'Champions' del F.C.Barcelona.
Algo pasadas las siete de la tarde ya empezaba a rumorearse algún dato acerca de las alineaciones. Iniesta no saldría de titular. Xavi no jugaría en su lugar. Reyes tampoco pisaría el cesped para escuchar el himno de la UEFA Champions League junto al resto de sus compañeros. Estas noticias se confirmarían durante la siguiente hora. Cuarenta y cinco minutos antes del pitido inicial, las escuadras ya habían perfilado y publicado su 'once', y ya habían sido criticadas por ello.
Fue quizá esta ansia de contención lo que más podría reprochársele a ambos técnicos. Parecía que el primer objetivo era montar un tapón en el mediocampo que impidiese que el contrario dominase el juego. Rijkaard concentró sus energías iniciales en evitar que Cesc manejara lo que suele, mientras que Wegner había sacado a sus hombres a pelear el último balón. Empezar ganando, pensaría, sería la mejor forma de empezar. A pesar de que tampoco optó precisamente por el buen juego a que tiene acostumbrados a sus aficionados, los primeros minutos estuvieron dominados por el equipo londinense. Valdés realizó su primera intervención decisiva ante una casi impecable jugada que iba a ser culminada por el francés Henry. Es la imágen que definiría este primer tramo en el que parecía que la apuesta del entrenador holandés del Barça por la dupla Van Bommel - Edmilson no surtiría el efecto perseguido.
Tras unos diez o quince minutos en esta línea, el equipo barcelonés retomó los mandos e inclinó la balanza a su lado. Consiguió hacerse con el balón, comenzó a preocupar a Wegner, a Lehmann, a Cole, a Campbell o a Eboué. Como colofón a este cambio de tendencia, llegó una jugada que marcaría el resto del partido. Pase de 'Dinho' a Eto'o, solo ante el portero teutón de los 'gunners', salida del guardameta para tratar de anticiparse al camerunés, intento de finta al cancerbero en la media luna del área y... claro derribo del delantero africano. Décimas de segundo después, Giuly conseguía hacerse con el esférico y marcaba. Había dos formas de solucionar la jugada: Dar el gol como válido y amonestar a Lehmann o expulsarlo por roja directa y dar una falta a favor del F.C.Barcelona. Terje Hauge, en su primera intervención importante durante la final, aunque no la última, escogio la segunda opción. Pirès y Lehmann salieron del rectángulo de juego y Almunia, antiguo portero suplente del Albacete, tenía la oportunidad de reivindicarse como en la mejor oportunidad que tendría de ello. Corría el minuto 17, el marcador no se había movido, pero sí el banquillo del Arsenal.
En la siguiente jugada acabaría por romperse el mito de la infabilidad de los árbitros extranjeros en comparación con los españoles: Durísima entrada de Eboué sobre Van Bronckhorst merecedora de la segunda expulsión. Veredicto: una insuficiente cartulina amarilla. Quizá si hubiese dado gol anteriormente sin expulsar a Lehmann el sueco Hauge se habría atrevido a ser más riguroso con el de Costa de Marfil.
No pasaron diez minutos después de este encontronazo antes de que el colegiado volviera a intentar ser protagonista: inexistente falta al borde del área barcelonista precisamente sobre Eboué. Henry la bota y Campbell cabecea sin problemas en el centro de la defensa del equipo que jugaba como local: 0-1. Ya sabíamos que los ingleses eran buenos a balón parado.
Al descanso se llegó con este resultado. Y he aquí que durante el mismo se cambia la tónica del partido. Franz Rijkaard supo cómo hacerlo. Edmilson al banquillo, Iniesta calienta los quince minutos y vuelve con sus diez compañeros para levantar el partido. Surtió efecto, sin duda. El ritmo cambió, el Barcelona movía la bola como sabía. Seis minutos de la segunda parte y Larsson, a la postre determinante, sustituía a Van Bommel. El cerco se estrechaba. Diez minutos más y Oleguer, sancionado y no en su momento más brillante, era sustituido por Belleti. Se le puede achacar a Rijkaard su falta de valentía inicial, pero hay que reconocerle la sabiduría, cordura y, por qué no decirlo, suerte que estos cambios llevaban impresas. Wegner, quizá contentándose con el resultado, y quizá para combatir los esfuerzos de Iniesta en el centro, sacaba a Flamini al campo para retirar a Cesc, la joya de la corona británica. En esos momentos habría millones de oraciones que pedían el empate y la remontada, millones de caras de decepción pintadas o no de blaugrana. Millones de mentes deseando que no pasara lo que aparentemente no tenía vuelta atrás.
Fue en el minuto 76 cuando Eto'o aplacó todas estas esperanzas desesperanzadas, colocando un certero centro de Larsson en el fondo de la portería de Almunia. Ahora eran millones las gargantas que gritaban al unísono en todo el mundo. El sueño podía realizarse.
Si el gol de Eto'o fue el de la furia, el del ansia de la victoria, el de la búsqueda de la remontada, cinco minutos después llegaría el gol de la euforia desatada. Belleti, dentro del área, recibía un certero centro corto de Larsson (otra vez) que convirtió en el segundo tanto para el Barça. Almunia tenía que recoger por segunda vez el balón de su portería, y la hazaña estaba firmada. Belletti se convertía en el nuevo Koeman en la historia barcelonista y una nueva Copa de Europa se sumaba al palmarés del club azulgrana. El sueño ya era realidad.

1 comentario:

Rifle dijo...

Se llama Arsène Wenger, no Wegner :P